"Graves me ha dicho que te encontraría aquí. "

David gimió sin mirar hacia la puerta. Clive.

Una persona a quien no quería ver en ese momento.

La última, de hecho.

Debería haber instruido a su mayordomo para que dijera a su hermano que no estaba en casa. Nunca antes en toda su vida David "no había estado en casa" para su hermano. La familia era siempre prioritaria en su vida. Clive era su único hermano, pero tenía primos y tías y tíos, y David era responsable del bienestar de hasta el último de ellos.

No, es que hubiera tenido otra opción. Él se había convertido en el cabeza de familia de los Mann-Formsby a los dieciocho años, y no había habido un solo día desde la muerte de su padre en el que hubiera podido permitirse el lujo de pensar sólo en él.

No, hasta Susannah.

La quería. A ella. Solo por quién era, no porque fuera a se una excelente adquisición para la familia.

La quería para él. No para ellos.

"¿Has estado bebiendo? " preguntó Clive.

David miró con ansia el vaso. "Desgraciadamente, no. "

Clive cogió el vaso de la mesa y se lo dio.

David se lo agradeció con la cabeza y tomó un largo trago. "¿Qué haces aquí? " preguntó, sin importarle si sonaba descortés y grosero.

Clive no respondió durante un momento. "No lo sé," dijo finalmente.

Por alguna razón, esto no sorprendió a David.

"No me gusta el modo en que tratas a Susannah," soltó Clive.

David lo miró incrédulo. Clive estaba de pie delante de él, rígido y enojado, con las manos apretadas en dos puños a sus costados. "¿No te gusta el modo en que trato a Susannah? " preguntó. "¿ No te gusta? ¿Puedo preguntar con que derecho ofreces tu opinión? ¿Y cuando, te ruego que me digas,he dado la impresión de que me importara? "

"No deberías jugar con ella," barbotó Clive.



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