
– No os mováis ni un milímetro -les dijo Glory a sus nietos-. Dadle a vuestra tía un beso grande de mi parte.
Dicho esto, se dio la vuelta para marcharse. Ness se interpuso en su camino. Glory intentó ofrecerle una sonrisa tierna.
– Os mandaré a buscar, cariño -le dijo a la niña-. No me crees, lo sé. Pero te juro que es verdad, Ness. Os mandaremos a buscar. George y yo construiremos una casa para que vengáis; cuando esté todo listo…
Ness se dio la vuelta y empezó a caminar, no en dirección a Elkstone Road, que habría sido la misma ruta que tomaría Glory, sino hacia el sendero entre los edificios, el sendero que llevaba a Meanwhile Gardens y lo que había detrás.
Glory se quedó mirándola. La chica estaba indignada y sus botas de tacón sonaban como un latigazo en el aire frío. E igual que un latigazo, el sonido alcanzó las mejillas de Glory. No quería hacer daño a los niños. Ahora mismo, las cosas simplemente eran como tenían que ser.
Llamó a Ness.
– ¿Tienes algún mensaje para nuestro George? Te está preparando una casa, Nessa.
Ness aceleró el paso. Se tropezó con un trozo de acera levantada, pero no se cayó. Al cabo de un momento, había desaparecido detrás del edificio, y Glory esperó en vano a que algunas palabras le llegaran flotando en las últimas horas de la tarde. Quería algo que la tranquilizara, que le dijera que no había fracasado.
