– ¿Nessa? -gritó-. ¿Vanessa Campbell?

Como respuesta, sólo llegó un grito angustiado. Era algo muy parecido a un sollozo y para Glory fue como recibir un puñetazo en el pecho. Miró a sus nietos en busca de lo que su hermana no había querido darle.

– Os mandaremos a buscar -dijo-. George y yo, cuando tengamos la casa lista, le diremos a la tía Ken que lo prepare todo. Ja-mai-ca. -Entonó la palabra-. Ja-mai-ca.

La respuesta de Toby fue acercarse más a Joel. La de Joel fue asentir con la cabeza.

– Entonces, ¿me crees? -le preguntó su abuela.

Joel asintió. No le pareció que tuviera otra opción.


* * *

Arriba, las luces distantes del sendero se encendieron cuando Ness rodeó un edificio bajo de ladrillo en el borde de Meanwhile Gardens. Era un centro infantil -sin niños a esta hora del día- y cuando Ness lo miró vio dentro a una mujer pakistaní sola, que parecía estar cerrando el lugar.

Detrás de aquel edificio, se extendían los jardines y un sendero zigzagueante serpenteaba entre montículos salpicados de árboles y trazaba un camino hacia una escalera. Era de metal y subía en espiral hacia un puente con la barandilla de hierro que cruzaba la sección de Paddington del canal Grand Union. El canal marcaba la frontera norte de Meanwhile Gardens, una división entre Edenham Estate y una serie de viviendas donde pisos modernos y elegantes se alzaban codo con codo con bloques antiguos para declarar que vivir frente al agua no siempre había sido tan atractivo.

Ness se fijó en algunas de estas cosas, pero no en todas. Localizó las escaleras, el puente con la barandilla de hierro arriba y pensó sobre dónde podría llevar la carretera que cruzaba ese puente.

Estaba hirviendo por dentro. Tanto que el calor hacía que quisiera lanzar la chaqueta al suelo y luego pisotearla. Pero era plenamente consciente del frío de enero más allá del calor que sentía en su interior, que le acariciaba la piel desnuda. Y se sintió inextricablemente atrapada entre los dos: el calor de dentro y el frío de fuera.



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