Llegó a las escaleras, haciendo caso omiso a los ojos que la observaban desde debajo de los robles adolescentes que crecían en los montículos de Meanwhile Gardens, haciendo caso omiso también a los ojos que la observaban desde debajo del puente del canal Grand Union. Todavía no sabía que mientras caía la oscuridad -y a veces incluso mucho antes- en Meanwhile Gardens se realizaban diversos tipos de transacciones. El dinero pasaba de una mano a otra, se contaba con disimulo y con el mismo disimulo se entregaban sustancias ilegales. De hecho, cuando llegó arriba y alcanzó el puente, los dos individuos que habían estado observándola salieron de sus escondites y se reunieron. Llevaron a cabo el intercambio con tanta fluidez que si Ness hubiera estado mirando, habría sabido que se trataba de un encuentro habitual.

Pero la chica tenía un propósito en la cabeza: poner fin al calor que le hervía la sangre. No tenía dinero ni conocía la zona, pero sabía qué buscaba.

Entró en el puente y se orientó. Al otro lado de la carretera había un pub; detrás se extendía una hilera de casas adosadas a cada lado de la calle. Ness examinó el pub, pero no vio nada prometedor ni dentro ni fuera, así que se dirigió hacia las casas. La experiencia le había enseñado que cerca tenía que haber tiendas, y la experiencia no le falló. Las encontró a unos cincuenta metros, y Tops Pizza le ofrecía la mejor de las posibilidades.

Delante había un grupo de cinco adolescentes: tres chicos y dos chicas. Todos eran negros, en mayor o menor medida. Los chicos llevaban vaqueros anchos, sudaderas con las capuchas puestas y anoraks gruesos. Era una especie de uniforme en esta zona de North Kensington. Toda la ropa informaba a quien mirara sobre dónde residían sus lealtades. Ness lo sabía. También sabía qué se le requería: ser igual de dura que ellos. No le supondría ningún problema.



14 из 636