– ¿Me das una calada? -Y señaló el cigarrillo de la chica.

– No es un porro -contestó ella.

– Ya lo sé, qué te crees -dijo Ness-. Pero es algo y, como he dicho, necesito algo, tíos.

– Nena, ya te he dicho que yo tengo lo que necesitas. Vamos a la vuelta de la esquina y te lo enseñaré -dijo el chico más alto otra vez. Los otros sonrieron. Arrastraron los pies, chocaron los puños y se rieron.

Ness no les hizo caso. La chica le pasó el cigarrillo, y Ness dio una calada. Miró a las dos chicas mientras ellas la miraban.

Nadie dijo cómo se llamaba. Era parte del juego. Un intercambio de nombres significaba que se daba un paso y nadie quería ser el primero en darlo.

Ness devolvió el cigarrillo a su propietaria y la chica dio una calada.

– Entonces, ¿qué quieres? -preguntó su amiga a Ness.

– Me da igual -contestó Ness-. Joder, me va la coca, la hierba, las anfetas, las pastis, lo que sea. Estoy hambrienta, ya sabes.

– Yo sé lo que te puedes comer… -dijo el chico más alto.

– Cállate -le ordenó la chica. Y luego le dijo a Ness-: ¿Qué llevas? Aquí no hay nada gratis.

– Puedo pagar -dijo Ness-. No hace falta pasta larga.

– Eh, nena, entonces…

– Cállate -dijo otra vez la chica al chico alto-. Tengo que decírtelo, Greve, me estás cabreando.

– Eh, Six, no te pases.

– ¿Así te llamas? -le preguntó Ness-. ¿Six?

– Sí -dijo-. Ella es Natasha. ¿Cómo te llamas tú?

– Ness.

– Guay.

– ¿Dónde se pilla por aquí, entonces?

Six señaló con la cabeza a los chicos y dijo:

– A este tío no, puedes estar segura. Ellos no son productores, te lo digo.

– ¿Dónde, entonces?

Six miró a uno de los otros chicos. El tipo se había recostado, en silencio, observando.



16 из 636