Así que no pasaban desapercibidos. No sólo bloqueaban casi todo el pasillo con sus maletas, el carrito de la compra y las cinco bolsas de Sainsbury's que Glory había dejado a sus pies, sino que eran una estampa digna de contemplar.

De los cuatro, sólo Joel y Ness eran conscientes del examen de los otros pasajeros y cada uno reaccionó de manera distinta a sus miradas. Para Joel, cada ojeada parecía decir «amarillo de mierda», y cada cabeza que se giraba deprisa hacia la ventana parecía ser un rechazo a su derecho de caminar por la Tierra. Para Ness, estas mismas miradas significaban una evaluación lasciva y cuando las sentía sobre ella quería abrirse la chaqueta y mostrar los pechos y gritar como hacía a menudo en la calle: «¿Las quieres, tío? ¿Es esto lo que quieres?».

Por el contrario, Glory y Toby estaban en su mundo. Para Toby era su estado natural, un hecho en el que nadie de la familia trataba de pensar demasiado. Para Glory su estado lo provocaba la situación actual y lo que pensaba hacer al respecto.

El autobús cubría su ruta a bandazos, chapoteando en los charcos de las últimas precipitaciones caídas. Viró bruscamente sobre el bordillo y volvió a bajar sin preocuparse por la seguridad de los pasajeros que se agarraban a las barras y, a medida que avanzaba el trayecto, fue llenándose de gente y la atmósfera se volvió más claustrofóbica. Como siempre sucedía en el transporte público de Londres en invierno, la calefacción estaba al máximo y, dado que no funcionaba ni una sola ventana -salvo la del conductor-, el ambiente no sólo era caluroso, sino que también estaba cargado de la clase de microorganismos que se escupen con los estornudos y las toses.

Todo esto proporcionó a Glory la excusa que estaba buscando. Había estado atenta a en qué lugar de la ruta se encontraban, examinando todas las razones posibles que podía aportar para lo que estaba a punto de hacer, pero el ambiente en el interior del vehículo le bastó. Cuando el autobús se adentró en Ladbroke Grove en las inmediaciones de Chesterton Road, alargó la mano al botón rojo y lo pulsó con firmeza.



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