Glory no reaccionó a nada de esto. Simplemente encabezó el grupo. Como una pata con sus retoños, dio por hecho que sus nietos la seguirían. ¿Qué otra cosa iban a hacer en una zona de Londres con la que no estaban familiarizados en absoluto?

Por suerte, el paseo de Ladbroke Grove a Edenham Estate no era muy largo, y sólo llamaron la atención en Golborne Road. Era día de mercado, y si bien el número de puestos no era tan impresionante como si pasaran por Church Street o serpentearan por los alrededores de Brick Lane, en Frutas y Verduras Frescas E. Price e Hijo, los dos ancianos caballeros -padre e hijo, aunque, a decir verdad, parecían más bien hermanos- comentaron la presencia del grupo desaseado de intrusos con las mujeres a las que estaban atendiendo. Estas clientas también fueron intrusas en su día, pero los Price, padre e hijo, habían aprendido a aceptarlas. No les quedó más remedio, puesto que en los sesenta años que llevaban al frente de Frutas y Verduras Frescas E. Price e Hijo, los Price habían visto cómo los habitantes de Golborne Ward -como se llamaba la zona- pasaban de ser ingleses a ser portugueses, y luego marroquíes, y tuvieron la prudencia de acoger a sus clientes de pago.

Pero era evidente que el pequeño grupo que marchaba por la calle no tenía ninguna intención de comprar en los puestos. En realidad, tenía la mirada clavada en Portobello Bridge y pronto lo cruzó. Aquí, en Elkstone Road, a poca distancia y bien metida en el rugido sin tregua del paso elevado de Westway, se encontraba la urbanización de protección oficial de Edenham Estate, junto a un parque serpenteante llamado Meanwhile Gardens. En el centro de este complejo estaba Trellick Tower, que presidía el paisaje con orgullo injustificado: treinta pisos de hormigón protegidos por interés histórico. Con una fachada de cientos de balcones que daban al oeste, llenos de antenas parabólicas, biombos variopintos e hileras de ropa sacudida por el viento.



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