
Cuando nació Daphne, dos años después de la boda, Blake había ganado una cantidad de dinero increíble y quería que Max abandonara su profesión. Sin embargo, ella había ascendido a jefe de residentes de psiquiatría adolescente, había dado a luz a Daphne y de repente se encontraba casada con uno de los hombres más ricos del mundo. Era mucho para digerir y a lo que adaptarse. Además, por culpa de una falsa creencia o de un exceso de confianza en la lactancia como método anticonceptivo, se quedó embarazada de Jack seis semanas después de dar a luz a Daphne. Cuando nació el segundo bebé, Blake ya había comprado la casa de Londres y la de Aspen, había encargado el barco y se habían mudado a Nueva York. Poco después, se jubiló. Maxine no abandonó su profesión ni siquiera después del nacimiento de Jack. Su permiso de maternidad fue más breve que cualquiera de los viajes de Blake; para entonces él ya viajaba por todo el mundo. Contrataron a una niñera interna y Maxine se reincorporó a su puesto.
Trabajar cuando Blake no lo hacía era un problema, pero la vida que él llevaba le daba miedo. Era demasiado despreocupada, opulenta y de la jet set para ella. Mientras Maxine abría su propia consulta y participaba en un importante proyecto de investigación en traumas infantiles, Blake contrataba al decorador más importante de Londres para reformar su casa y a otro para la de Aspen, y compraba la propiedad de Saint-Bart como regalo de Navidad para ella y un avión para sí mismo.
