Los chicos querían a su padre, pero también sabían que solo podían contar con su madre, porque él iba y venía como el viento. Maxine era muy consciente de que parecían tener una capacidad ilimitada para perdonar las rarezas de su padre. Lo mismo que había hecho ella durante diez años. Pero finalmente su falta de moderación y responsabilidad habían pesado más que su encanto.

– Hola, Blake -dijo, y se relajó en la silla. La distancia y la actitud profesional habituales en ella siempre se desvanecían cuando hablaba con él. A pesar del divorcio, eran buenos amigos y seguían muy unidos-. ¿Dónde estás?

– En Washington. Acabo de llegar de Miami. He estado en Saint-Bart un par de semanas.

En la cabeza de Maxine se materializó al instante una visión de la casa que tenían. Hacía siete años que no la veía. Fue una de las muchas propiedades a las que renunció gustosamente con el divorcio.

– ¿Vas a venir a Nueva York a ver a los niños? -No le gustaba decirle que era lo que debería hacer. Él lo sabía tan bien como ella, pero siempre parecía tener otra cosa que hacer. Al menos casi siempre. Por mucho que quisiera a sus hijos, y siempre los había querido, recibían poca atención, y ellos también lo sabían. Aun así todos lo adoraban y, a su manera, Maxine también. No parecía haber nadie en el planeta que no quisiera a Blake, o al menos a quien no cayera bien. Blake no tenía enemigos, solo amigos.

– Ojalá pudiera ir a verlos -dijo él en tono de disculpa-. Esta noche me marcho a Londres. Mañana tengo una reunión con un arquitecto. Estoy redecorando la casa. -Y entonces, como si fuera un niño travieso, añadió-: Acabo de comprarme una casa fantástica en Marrakech. Me voy allí la semana que viene. Es una preciosidad, un palacio en ruinas.

– Justo lo que necesitabas -dijo Maxine, meneando la cabeza. Blake era imposible. Compraba casas por todas partes. Las reformaba con arquitectos y diseñadores famosos, las convertía en lugares de interés turístico y entonces se compraba otra. A Blake le atraía más el proyecto que el resultado final.



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