
Denise Ward estaba hablando por su inalámbrico con el padre de Marissa, su ex marido, e intentando que sus mellizos de dos años no tiraran el árbol de Navidad.
– Lo comprendo, pero me fastidia que…
– ¡Roy Junior, suelta esos adornos! -Le interrumpió Denise-. Robert, deja en paz al Niño Jesús. Digo que… Un momento, Billy.
A dos mil quinientos kilómetros de distancia, la expresión atribulada de Billy Campbell se serenó un poco. Sostenía el auricular de modo que su madre, Nor Kelly, pudiera oír la conversación.
– Me parece que el Niño Jesús ha salido volando por la sala de estar -dijo, arqueando las cejas.
– Perdona, Billy -dijo ahora Denise-. Mira, esto es un caos. Los críos están excitadísimos con la Navidad. Llámame dentro de quince minutos, aunque no creo que sirva de nada. Marissa no quiere hablar contigo ni con Nor.
– Ya sé que no das abasto, Denise -dijo serenamente Billy Campbell-. Aparte de lo que te mandamos, ¿hay alguna cosa que realmente le haga falta a Marissa? Si te ha comentado algo, yo aún tendría tiempo de comprado.
Se oyó un ruido fuerte y el gemido de uno de los mellizos.
– Oh, no, el ángel de Waterford. -Denise Ward lo dijo casi sollozando- Ni te le acerques, Robert. ¿Me has oído bien? Te vas a cortar. -Con la voz tensa por el enfado, le espetó a Billy-: ¿Quieres saber lo que realmente necesita? Os necesita a ti y a Nor, y os necesita ya. Estoy muy preocupada por Marissa. Y Roy también. Él hace todo lo que puede, pero ella no reacciona.
– ¿Cómo crees que me siento yo, Denise? -preguntó Billy, alzando un poco la voz- Daría el brazo derecho por estar con Marissa. Se me retuercen las tripas cada día que paso sin estar con ella. Me alegro de que Roy le eche una mano, pero es mi hija y la echo de menos.
– Pienso en lo afortunada que soy de haber conocido a un hombre cumplidor, con un trabajo estable, que no está hasta altas horas de la noche tocando por ahí con un grupo de rock, y que no se mete en situaciones que le obligan a salir por piernas de la ciudad. -Denise no se detuvo a respirar-. Marissa lo está pasando mal. ¿Te das cuenta de eso, Billy? Dentro de cuatro días es su cumpleaños. No sé cómo se va a tomar que no estés aquí por Navidad. La niña se siente abandonada.
