– Me gustaría ofrecerte un refresco y algo para picar, pero si voy abajo querrán que me siente a la mesa. -Arrugó la nariz- Se me acaba de ocurrir una cosa. ¿Tú tienes hambre? ¿Puedes comer? Porque parece que estás ahí pero no del todo.

– Yo mismo estoy tratando de entenderlo -reconoció Sterling-. Es la primera vez que hago una cosa así. Y dime, ¿por qué no quieres hablar con tu papá?

Marissa cambió de expresión y bajó la vista.

– No viene nunca a verme y no me deja que le vaya a visitar, y a NorNor tampoco (ella es mi abuela). Pues si ellos no quieren verme, yo a ellos tampoco.

– ¿Dónde viven?

– No lo sé -respondió Marissa-. No me lo quieren decir, Y mamá no lo sabe. Me explicó que se escondían de unos hombres malos que quieren hacerles daño Y que no podrán venir hasta que sea seguro, pero en el colegio los niños dicen que papá y NorNor se metieron en líos y han tenido que huir.

Vete tú a saber, pensó Sterling.

– ¿Cuánto hace que no los ves?-preguntó.

– La última vez que los vi de verdad fue el año pasado, dos días después de Navidad. Papá y yo fuimos a patinar, y después almorzamos en el restaurante de NorNor. Habíamos quedado que iríamos al Radio City Music Hall el día de Año Nuevo, pero ellos tuvieron que marcharse. Yo apenas estaba despierta cuando entraron a despedirse de mí. No me dijeron cuándo iban a volver, y casi ha pasado un año. -Hizo una pausa- Tengo que ver a papá, tengo que ver a la abuela.

Está desconsolada, pensó Sterling. Entendía esa clase de dolor, era como el anhelo que había sentido al ver pasar a Annie camino del cielo. -Marissa… -Alguien llamó a la puerta.

– Lo sabía -dijo la niña- Mamá querrá que baje a cenar. No tengo hambre, y no quiero que te marches.

– Voy a tener que ponerme a trabajar en tu problema. Volveré luego a darte las buenas noches.

– ¿Lo prometes?

– Marissa. -Llamaron otra vez a la puerta.

– Sí, pero prométeme tú a mí otra cosa-dijo apresuradamente Sterling-· Tu mamá está muy preocupada. Complácela esta vez.



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