
– Cuando sepas qué hay detrás de todo esto es posible que necesites más de un favor especial -dijo irónicamente el torero-. Personalmente, opino que vas a tener que lidiar con dos toros, no con uno solo, y…
El monje hizo callar al torero.
– Eso tendrá que averiguarlo por sí mismo. -Y su mano se movió hacia el botón.
Qué velocidad, pensó Sterling notando que cruzaba otra vez el sistema solar. Me envían de una forma distinta. Será porque estoy regresando en el tiempo. Y un momento después se encontraba en el aparcamiento de un restaurante de aspecto muy acogedor. Parece que es un sitio muy frecuentado, observó. Desde el exterior pudo ver que había mucho ajetreo en el establecimiento. Para saber dónde estaba, fue andando hasta el final del camino particular y leyó el rótulo: NOR'S PLACE.
Estupendo, pensó. Es el restaurante de la abuela de Marissa. No hacía falta ser Sherlock Holmes para saber que el siguiente paso era entrar en el restaurante y echar una ojeada. Dio media vuelta, subió los escalones, cruzó el porche y se dispuso a abrir la puerta.
Puedo entrar sin abrirla, se dijo a sí mismo. No hace falta que malgaste calefacción. Entró acompañado de una brisa repentina. Dentro había una mujer de unos sesenta años, buena figura, cabellos rubios recogidos atrás con una peineta, sentada aun pequeño escritorio examinando el libro de reservas.
La mujer levantó la vista. Su frente estaba parcialmente tapada por unos mechones rubios.
Una dama muy atractiva, pensó Sterling.
– Juraría que había cerrado la puerta -murmuró Nor Kelly acercándose a él de dos zancadas y cerrando la puerta con firmeza.
– NorNor, ven. Aquí tienes tu café -dijo una voz infantil.
Una voz familiar. Sterling giró en redondo y miró hacia el comedor. Paneles de caoba en las paredes, mesas cubiertas de blanquísimos manteles y provistas de grandes velas rojas que creaban un ambiente alegre y agradable. Junto a la barra había un piano. Ristras de luces navideñas titilaban en paredes y ventanas, y de fondo se oía una música festiva.
