
– Casi me sentí culpable de que al final el día de Navidad resultara tan placentero -prosiguió Armstrong-, pero sabía que Peggy me estaría sonriendo desde el cielo.
Me pregunto si Peggy tuvo que aguardar en la sala de espera celestial, pensó Sterling. Deseó que Chet sacara su cartera. Quizá llevaba una fotografía de ella.
– Peggy era una mujer estupenda -dijo Dennis, un obeso pelirrojo de grandes y ágiles manos, mientras sacaba brillo a unos vasos e iba sirviendo lo que los camareros le dejaban sobre la barra en unos papelitos. Sterling reparó en que Armstrong desviaba la vista hacia una de las fotos enmarcadas que había detrás de la barra. Se inclinó para verla mejor. Era una foto de Nor con Chet Armstrong, que rodeaba con el brazo a una mujer menuda que no podía ser otra que Peggy.
Pues la conozco, pensó Sterling. Estaba un par de filas más atrás en la sala de espera. Claro que no estuvo allí el tiempo suficiente para conocerla mejor.
– Peggy tenía mucha gracia, pero cuidado con lo que le decías -recordó Chet entre risas.
Ah, por eso la hicieron esperar, pensó Sterling.
Tenía mal genio.
– Sé que te parecerá imposible -dijo Dennis en tono de padre confesor-, pero estoy seguro de que algún día encontrarás a alguien. Todavía tienes mucho tiempo por delante.
Sí, pensó Sterling, pero vigila con quién juegas al golf.
– Cumplí setenta en marzo pasado, Dermis.
– Hoy día, eso es ser joven.
Sterling meneó la cabeza. Yo tendría noventa y seis; a mí nadie me acusaría de ser un jovenzuelo.
– ¿Cuántos años llevas aquí, Dennis? -preguntó Chet.
Gracias, Chet, pensó Sterling, confiando en que la respuesta de Dennis le diera una buena pista sobre el estado de las cosas.
– Nor abrió este local hace veintitrés años. Bill murió cuando Billy empezaba a ir al colegio. Ella ya no quería seguir actuando por ahí. Yo la conocía de un club de Nueva York. Al cabo de siete meses, me telefoneó. Había pillado a su primer camarero con la mano en la caja. Mi mujer quería mudarse y nuestros hijos tenían casi edad escolar. Desde entonces no me he movido de aquí.
