
Hasta ahora había estado muy ocupado, pero con todo el mundo listo para acostarse, se sintió un poco solo mientras vagaba por las calles tranquilas.
¿Y si contactara con el Consejo Celestial?, se preguntó. ¿O habrán decidido que no puedo cumplir la misión? En tal caso, ¿qué vaya hacer?
De repente algo atrajo su atención.
¿Qué es eso?
Un pedazo de papel caía del cielo. Dejó de caer cuando estuvo justo delante de él. Sterling lo cazó al vuelo, lo desplegó y se acercó a la siguiente farola para leerlo.
Era un mapa del lugar. La casa de Marissa y el restaurante de Nor estaban claramente indicados.
Una línea de puntos empezaba en un lugar marcado como «estás aquí» y daba instrucciones específicas -«Cuatro manzanas al este… torcer a la izquierda y la primera a la derecha»- para llegar a donde vivía Marissa. Una segunda línea de puntos ilustraba el camino desde allí al restaurante.
Sterling alzó la vista y miró hacia la eternidad, más allá de la luna y de las estrellas. Gracias. Os estoy muy agradecido, susurró.
Aunque fuera muy tarde, Dennis Madigan siempre leía el New York Post antes de conciliar el sueño. Su mujer, Joan, ya estaba acostumbrada a dormir con la luz encendida.
Esta noche, sin embargo, Dennis no podía concentrarse en la lectura. Sabía que ni Nor ni Billy eran conscientes de que sus vidas podían correr peligro. Si los Badgett eran tan malos como los había pintado Sean O'Brien… Dennis meneó la cabeza. Cuando trabajaba en bares de Manhattan, había oído decir muchas cosas de esa clase de gente. Y ninguna buena.
«Próroga.» ¿A qué me recuerda esto?, se preguntó mientras pasaba página, un tanto molesto. Nor cree que ese hombre podría ser alguien que viene al restaurante. Pero no es posible que sea cliente habitual, o yo le conocería.
– «Próroga» -dijo en voz alta.
Joan abrió los ojos y pestañeó:
