– Entonces, ¿por qué no lo han pedido ya?

Regan no contestó. Pero yo sabía la respuesta. La situación, especialmente después del tiroteo, debió de ser demasiado para unos colgados. Los colgados no saben enfrentarse al conflicto. Por eso esnifan o se pinchan: para escapar, para evadirse, para evitar, para sumergirse en la nada. Los medios de comunicación debían de estar encima del caso. La Policía estaría haciendo preguntas. Unos colgados se asustarían ante una situación tan apremiante. Se largarían, abandonándolo todo.

Y se desharían de todas las pruebas.


Pero la petición de rescate llegó dos días después.

Una vez recuperada la conciencia, las heridas de bala mejoraban con sorprendente rapidez. Puede ser que estuviera concentrado en ponerme bien, o que estar echado en estado casi catatónico durante doce días hubiera permitido que mis heridas se curaran. O puede ser que estuviera sufriendo un dolor mucho más hondo que el físico. Pensaba en Tara, y el miedo a lo desconocido me cortaba la respiración. Pensaba en Monica, la imaginaba muerta, y unas garras de acero me destrozaban por dentro.

Quería salir de allí.

Me seguía doliendo el cuerpo, pero insistí para que Ruth Heller me diera el alta. Convencida de que estaba demostrando que los médicos son los peores pacientes, aceptó dejarme marchar con reticencia. Decidimos que un fisioterapeuta iría a visitarme todos los días. Y una enfermera pasaría a intervalos regulares, para estar seguros.

La mañana de mi salida del Saint Elizabeth, mi madre estaba en casa -la ex escena del crimen- «arreglándola» para mí, sea esto lo que sea. Es curioso, pero no me daba miedo volver allí. Una casa es ladrillo y mortero. No creía que su mera visión me conmoviera, pero tal vez me estuviera bloqueando.

Lenny me ayudó a recoger y a vestirme. Alto y huesudo, con la cara oscurecida por una sombra estilo Homer Simpson, a las cinco de la tarde, que sale cinco minutos después de afeitarse. De niño, Lenny llevaba gafas de culo de botella y pantalones de pana excesivamente gruesa, incluso en verano. El pelo rizado tendía a crecerle demasiado, hasta el punto de que parecía un poodle extraviado. Ahora lo mantiene cuidadosamente a raya con un severo corte. Se operó con láser hace dos años y ya no lleva gafas. Usa trajes caros.



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