– Ya le he dado las gracias, pero volveré a hacerlo.

– Sé que han pasado menos de tres años desde que se retiró, pero permítame que le asegure, detective Bosch, que el departamento al que vuelve no es el departamento que dejó.

– Lo entiendo.

– Eso espero. ¿Conoce el decreto de consentimiento?

Justo después de que Bosch abandonara el departamento, el anterior jefe se había visto forzado a aceptar una serie de reformas para evitar que las autoridades federales asumieran el control del Departamento de Policía de Los Ángeles tras una investigación del FBI sobre corrupción masiva, violencia y violación de los derechos civiles por parte de los agentes. El nuevo jefe tenía que cumplir con la nueva normativa o terminaría recibiendo órdenes del FBI. Desde el jefe al último cadete, nadie deseaba semejante situación.

– Sí -dijo Bosch-. Lo he leído en los periódicos.

– Bien. Me alegro de que se haya mantenido informado. Y me alegra comunicarle que, a pesar de lo que pueda haber leído en el Times, estamos dando grandes pasos y queremos mantener ese impulso. También estamos tratando de poner al día al departamento en cuanto a tecnología. Estamos avanzando en mantenimiento del orden en la comunidad, y estamos haciendo muchas cosas buenas, detective Bosch, muchas de las cuales, quedarán deshechas a ojos de la comunidad si recurrimos a las viejas maneras. ¿Entiende lo que le estoy diciendo?

– Eso creo.

– Su regreso aquí no está garantizado. Está en período de pruebas durante un año. Así que considérese otra vez un novato. El novato más viejo de todos. Apruebo su regreso, pero puedo echar le sin esgrimir ninguna razón en el curso de un año. No me dé una razón.

Bosch no respondió. Supuso que no se esperaba respuesta.

– El viernes graduamos a una nueva promoción de cadetes de la academia. Me gustaría que estuviera allí.



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