– Sí. Estoy seguro de que es la independencia de tu hermosa esposa la que requiere toda tu energía. -Escudriñó a Philip con su mirada intencionada-. No pareces estar sufriendo demasiado en sus manos. Pero, no temas, tengo intención de desenmascarar a ese tal Brightmore. No solamente tendré el placer de delatar al charlatán, sino que el dinero que gane haciéndolo ayudará para conquistar a tu hermana. Estoy plenamente decidido a dar a lady Catherine todos los lujos a los que está acostumbrada.

– Ah. Ahora que lo dices… ¿cómo va el cortejo de mi hermana?

Andrew miró al techo.

– Muy lento, me temo.

– Bueno, deja de perder el tiempo. Siempre te he visto cuanto menos implacable cuando querías algo. ¿A qué viene tanto «no sé, no sé»?

– Nada de no sé…

– Y, por el amor de Dios, deja de mesarte el pelo. Cualquiera diría que te ha caído un rayo en la cabeza.

Andrew se pasó rápidamente una mano por un pelo que parecía haber sido víctima de un rayo y frunció el ceño.

– Mira quién habla. ¿Te has mirado al espejo últimamente? Tu aspecto sólo puede definirse como desastrado y, a juzgar por tu pelo, se diría que te ha sorprendido una repentina y monstruosa tormenta.

– Pues sí, estoy desastrado, aunque teniendo en cuenta que estoy a punto de ser padre por primera vez, al menos cuento con una excusa de peso para tirarme del pelo y comportarme de manera extraña. ¿Qué demonios te ocurre a ti?

– No me ocurre nada, aparte de esta condenada frustración. Ni siquiera he tenido la oportunidad de hablar con lady Catherine. Cada vez que logro verla entre la multitud, otro inversor del museo u otro potencial inversor reclaman mi atención. -Lanzó a Philip una mirada afilada-. Estaba intentando abordarla por cuarta vez en lo que va de noche cuando de nuevo han vuelto a retenerme. Esta vez has sido tú.



12 из 326