
Su mirada escudriñaba con inquietud a los invitados formalmente vestidos. Damas elegantemente vestidas y profusamente enjoyadas giraban alrededor de la pista de baile en brazos de sus compañeros perfectamente equipados al ritmo de los cadenciosos compases del trío de cuerda. Sin embargo, ninguna de las damas que ahora se deslizaban al ritmo del vals era la que él buscaba. ¿Dónde estaba lady Catherine?
Bebió un corto sorbo de brandy, apretando los dedos alrededor de la copa de cristal tallado en un intento por controlar el deseo de beberse la potente bebida de un sólo trago. Maldición, no había estado tan nervioso ni tan inquieto desde… nunca. Bueno, dejando a un lado la cantidad de veces durante los últimos meses que había pasado en compañía de lady Catherine. Resultaba ridículo hasta qué punto pensar en aquella mujer, estar en la misma habitación que ella afectaba su capacidad para respirar con claridad y pensar adecuadamente… es decir, respirar adecuadamente y pensar con claridad.
Sus esfuerzos por encontrar a lady Catherine esa noche ya se habían visto interrumpidos en tres ocasiones por gente con la que él no tenía el menor deseo de hablar. Temía que una más de esas interrupciones le obligara a rechinar los dientes hasta terminar por desgastárselos del todo.
De nuevo escudriñó la sala y se le tensó la mandíbula. Demonios. Después de haberse visto obligado a esperar lo que se le había antojado una eternidad para por fin cortejarla, ¿por qué no podía lady Catherine, aunque fuera de forma inconsciente, al menos calmar su ansiedad y dejarse ver?
El zumbido de las conversaciones le rodeaba, marcado por carcajadas y el tintineo de los bordes de las delicadas copas de cristal entrechocando en brindis congratulatorios. Prismas de luz reflejaban el suelo de parquet pulido hasta lo indecible desde la multitud de velas que brillaban en los deslumbrantes candelabros de cristal, envolviendo la sala en un fulgor cálido y dorado. Más de cien miembros entre lo más selecto de la alta sociedad habían asistido a la fiesta de cumpleaños de lord Ravensly. «Lo más granado de la alta sociedad y… yo.»
