
Aquel edificio era más pequeño que el Felt Forum, y tenía un cierto aire de sencillez, con sus muros de cemento sin decoración, su tejado de hoja metálica y su suelo constituido por una única losa de cemento. Tenía forma rectangular, y el cuadrilátero se encontraba en el centro de uno de sus largos muros, enfrente de las puertas de entrada. Varias hileras de sillas de metal plegables enmarcaban sus tres lados abiertos. Eran de color gris, excepto las de las dos primeras filas de cada una de las tres secciones, que eran de un tono rojo sangre. Las localidades más próximas al cuadrilátero estaban reservadas, pero el resto del estadio estaba abierto al público. La entrada costaba solo cinco dólares, dos menos que un estreno en un cine de Manhattan; aun así, casi la mitad de los asientos grises permanecían vacíos.
El precio era bajo precisamente para intentar ocupar el mayor número posible de sitios, y que los aficionados que seguían las peleas a través de la televisión por cable no se percatasen de que el encuentro se había organizado exclusivamente en su honor. El New Maspeth Arena se había convertido en un auténtico fenómeno para este tipo de televisión, y casi se podía decir que el lugar en sí se había creado para suministrar programación a la FBCS, la Five Borough Cable Sportscasts, el último canal de deportes que se había sumado a la carrera por las audiencias en el área metropolitana de Nueva York. Los camiones de la FBCS ya estaban aparcados en el exterior del recinto cuando Mick y yo llegamos, unos pocos minutos después de las siete; y a las ocho en punto comenzaba la retransmisión.
Ya estaba acabando el quinto asalto del último combate previo y el chaval del calzón blanco aún continuaba en pie. Ambos púgiles eran negros y oriundos de Brooklyn. En la presentación habían dicho que uno era de Bedford-Stuyvesant, y el otro de Crown Heights. Los dos llevaban el pelo muy corto y tenían facciones corrientes. También eran más o menos de la misma estatura, aunque el de azul parecía más bajo en el cuadrilátero, ya que peleaba medio agachado. Era una suerte que llevasen los calzones de distinto color ya que, de otra forma, hubiese costado mucho diferenciarlos.
