– Lo que quiero es conseguir un gato y decorar un poco el apartamento. Sheila me va a mandar una decoradora muy buena que se llama Yu Wing.

Se oyeron risitas al otro lado de la línea.

– ¿Vas a contratar a la decoradora que Sheila te ha recomendado? -gritó Charity.

El hecho de haber perdido a sus padres siendo aún unas niñas había unido mucho a Hope y sus hermanas. Incluso en ese momento, en que estaba cada una en una punta del país, se contaban todo lo que hacían. Para algunas cosas, eso estaba bien, pero para otras no.

– Sí, es una decoradora que Sheila me ha recomendado. Aplica las técnicas del Feng Shui y Sheila asegura que es…

– Sheila está loca -declaró Faith.

– ¿Y Lana no?

Hubo un silencio.

– La última vez que vi a Lana, pensé que había madurado mucho -comentó Charity.

– El amor la ha cambiado -dijo Faith con voz soñadora.

– Es lo que suele pasar -añadió Charity, aunque su voz no era en absoluto soñadora.

Charity era la más pequeña y la más guapa de las tres. Tenía además un cerebro privilegiado. Sin embargo, a sus veintiséis años, todavía no había encontrado ningún hombre que fuera capaz de ver más allá de su físico. Aunque Hope no culpaba a los hombres por esa debilidad en particular.

– El que el amor los haga felices a algunos…

– ¿Quién está hablando de amor? -replicó Charity.

– Estábamos hablando solo de hacer un trato -dijo Faith.

– Para ayudarte a pasar las vacaciones -añadió Charity-. Sé que te han ofrecido ir a un montón de fiestas, pero que odias ir sola.

– Lana dice que a él tampoco le gusta -intervino Faith-. Quiero decir, ir solo. Dice que las chicas no lo dejan en paz.

– Así que podíais ir los dos juntos para protegeros el uno al otro -concluyó Charity, totalmente convencida de la solidez de su argumento.

– Si él te gusta, claro -aclaró Faith.

– Da igual que me guste o no, ¿no es así? Al fin y al cabo, solo se trata de que me acompañe.



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