
– ¿Entonces vas a conocerlo? ¿Hablarás con él para ver si os entendéis?
– Él está de acuerdo con la idea -aseguró Charity.
– ¿Ya lo habéis arreglado todo?
– Por supuesto que no. Nosotras solo le dimos tu número de teléfono.
– Sí, el de tu casa, el del trabajo y el del móvil -explicó Charity.
– ¿Y no le habréis dicho quizá que estaba interesada? -preguntó Hope, levantándose y disponiéndose a salir del despacho.
– Más o menos.
– ¡Que sepáis que os voy a borrar de mi testamento!
– ¿Has hecho ya testamento?
Al día siguiente, que era miércoles, Hope estaba en casa a las siete de la tarde. Normalmente solo llegaba a las siete los jueves, pero Sheila le había concertado una cita con la decoradora para el jueves, obligándola a cambiar su rutina de los jueves al miércoles.
Estaba un poco molesta con Sheila por ello, pero sabía que sus hermanas tenían razón y que debía tratar de ser un poco más flexible y dejar a un lado su rutina.
La decoración de la casa era para Hope un elemento más de la imagen que tenía que dar de mujer triunfadora. En cuanto a la rutina que seguía religiosamente los jueves y los domingos, incluía una breve cena, después de la cual se aplicaba una mascarilla nutritiva en la cara y se daba un baño de pies de burbujas. Mientras se daba el baño, se hacía ella misma la manicura. Cuando se secaba los pies, se hacía la pedicura y, finalmente, se quitaba la mascarilla de la cara y, con ella, toda la suciedad y las toxinas.
Se quitó el traje azul marino y su camisa de seda y se puso un albornoz blanco. Era caliente y agradable, contrastando así con el ambiente del apartamento. Se puso sus zapatillas a juego y fue a la cocina para prepararse la cena en el microondas.
Le había costado un gran esfuerzo decidir si la segunda cita con el decorador sería en miércoles o jueves. Aunque como la primera había sido un jueves, ya se había hecho una rutina. De todos modos, pensaba decirle a Sheila que…
