
– Bueno… eh… entonces, ¿cómo se siente al haber vuelto?
Él la miró fijamente.
– ¿Qué quiere decir con cómo me siento?
– Pues que si está contento de haber vuelto. ¿Siente haber dejado a sus amigos en la ciudad? ¿Le preocupa trabajar para una mujer? No es usted muy comunicativo, ¿verdad?
¿Qué pensaba aquella mujer que era aquello, una fiesta de cóctel?
– No creo que eso importe -dijo Cal exasperado-. Si yo estuviera buscando un capataz, no perdería el tiempo preguntándole cómo se siente. Querría saber lo que sabe hacer. Si tengo que pasar por esta farsa, ¿por qué no intenta preguntarme algo relevante?
– He intentado averiguar algo de su experiencia -dijo Juliet enfadada.
– ¿Experiencia en qué? Un capataz tiene que saber hacer mucho más que sentarse en una oficina y administrar.
– De acuerdo. ¿Qué preguntaría usted, ya que parece saber tanto del asunto?
– ¿Si yo estuviera contratando a un capataz? Querría saber si puede pilotar un aeroplano y conducir un remolque ¿Podría construir una maldita presa y arreglar un generador? ¿Sabe de contabilidad? Y eso aparte de lo elemental como conducir ganado, enlazarlo, atrapar toros, castrar, marcar, descuernar, construir vallas…
– ¡De acuerdo, de acuerdo! Ya lo ha dejado claro. ¿Puedo suponer que sabe hacer todo eso? -preguntó con cierto sarcasmo mirándolo a los ojos.
– Lo descubrirá en los próximos tres meses, ¿no cree?
Los ojos azules de Juliet destellaron peligrosamente y alzó la barbilla al mirarlo con enfado.
– No ha hecho absolutamente ningún esfuerzo por cooperar desde que ha llegado. En vez de eso, ha dejado muy claro que no sé nada de dirigir un rancho. Cal abrió la boca, pero ella no le dio la oportunidad de hablar-. Bueno, puede que sea verdad, pero una cosa sí sé y que es que no estoy dispuesta a pagar un buen sueldo a alguien que me vaya a tratar como si fuera estúpida. Soy una mujer inteligente intentando superar una situación extremadamente difícil. Quiero un capataz que sepa levantar este rancho, dirigirlo con eficacia y tomarse su tiempo en explicarme lo que está haciendo y porqué, para con el tiempo aprender a dirigirlo yo misma. El último capataz no quiso molestarse en hacerlo. Cometió el error de pensar que mi opinión no contaba y lo despedí.
