Las antiguas empleadas son despedidas o se largan tras un pique cada dos por tres, pero, después de trabajar para Frenchy Benoit o Jo-Mama durante un tiempo, vuelven a sus anteriores empleos. Me dejan bastante tranquilo, porque raras veces las invito a cócteles y no hago uso de sus encantos profesionales. Las nuevas intentan ligarme, pero Chiri suele espantarlas.

A sus ojos implacables me he convertido en «la criatura sin alma». Muchachas como Blanca, Fanya y Yasmin desvían la mirada cuando las observo. Algunas chicas no saben lo que hice o no les importa, y evitan que me sienta un completo paria. Sin embargo, para mí el Budayén es más tranquilo y solitario que antes. Intento que no me afecte.

Jambo, Bwana Marîd —me dijo Chiriga cuando se percató de que me sentaba a su lado. Dejó al moddy esposado y se agachó despacio tras la barra, depositando un posavasos de corcho ante mí—. Has venido a compartir tu riqueza con esta pobre salvaje. En mi tierra natal mi gente se muere de hambre y recorre muchas millas en busca de agua. Aquí he hallado la paz y la abundancia. He aprendido lo que es la amistad. He encontrado hombres desagradables a quienes les habría gustado tocar las partes ocultas de mi cuerpo. Tú me comprarás bebidas y me dejarás una generosa propina. Hablarás de mi local a todos tus nuevos amigos y ellos vendrán y querrán tocar las partes ocultas de mi cuerpo. Poseeré muchas cosas brillantes y baratas. Todo es la voluntad de Dios.

La contemplé unos cuantos segundos. A veces es difícil adivinar de qué humor está Chin.

—La gran muchacha negra dice estupideces —dije por fin.

Se rió y abandonó su actitud de dinka ignorante.

—Sí, tienes razón. ¿Qué va a ser hoy?

—Ginebra —dije.

Suelo tornar una parte de ginebra y una parte de bingara con hielo y un poco de zumo de lima.



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