Papá apagó los motores y entraron nuevamente en caída libre. Johanna sintió una oleada de náusea. Rara vez se mareaba en el espacio, pero esto era diferente. La imagen de la tierra y el mar creció lentamente en la ventana. Había algunas nubes deshilachadas. La línea costera era una borrosa repetición de islas, estrechos y calas. Un oscuro verdor cubría la costa y los valles, volviéndose gris y negro en las montañas. La nieve —y tal vez el hielo que tanto fascinaba a Jefri— se extendía en arcos y retazos. Todo era tan bello… ¡y caían directo contra todo ello!

La cápsula rechinó cuando las toberas direccionales la hicieron girar, apuntando la tobera principal hacia abajo. Ahora la ventanilla derecha mostraba el suelo. El cohete se encendió de nuevo a una gravedad. Una aureola llameante oscureció el borde de la pantalla.

—¡Vaya! —exclamó Jefri—. ¡Es como un ascensor! Bajas y bajas y bajas…

Habían descendido cien kilómetros con relativa lentitud, para que el aire no les despedazara.

Sjana Olsndot tenía razón: era un modo original de abandonar órbita, un método que nadie habría escogido en circunstancias normales. Por cierto, no estaba incluido en el plan de fuga. La idea era enncontrarse con la fragata, y con todos los adultos que pudieran escapar de Laboratorio Alto. El encuentro debía realizarse en el espacio, una transferencia fácil. Pero la fragata había desaparecido y quedaron abandonados a su suerte. Johanna miró involuntariamente el casco y vio esa decoloración familiar. Parecía una fungosidad gris que brotaba de la limpia cerámica. Ahora sus padres no hablaban mucho sobre ella, salvo para decirle a Jefri que no la tocara. Pero una vez Johanna les había oído hablar del tema, cuando ellos pensaban que Johanna y Jefri estaban en el otro extremo de la cápsula. —¡Todo esto para nada! —había murmurado su padre, casi llorando de rabia—. Creamos un monstruo y huimos, y ahora estamos perdidos en el Fondo.

—Por milésima vez, Arne, no fue para nada —había respondido su madre, con voz más baja—. Tenemos a los niños. —Señaló la rugosidad que se extendía por la pared—. Y teniendo en cuenta lo que esperábamos… las instrucciones que teníamos… creo que esto es lo mejor a que podíamos aspirar. De algún modo llevamos la respuesta a todo el mal que iniciamos.



12 из 625