
Transcurrieron los días. Para el mal que crecía en las nuevas máquinas, cada hora era más larga que todo el tiempo anterior. El neonato estaba a menos de una hora de su gran floración, su propagación por el espacio interestelar.
Pronto eliminaría a los humanos. Ya constituían una molestia, aunque divertida. Algunos hasta pensaban en escapar. Habían pasado días poniendo a sus niños en sueño frío y embarcándoles en el carguero. «Preparativos para partida normal», era como describían la maniobra en sus programas. Habían pasado días reabasteciendo la nave, amparándose en mentiras transparentes. Algunos humanos comprendían que esa cosa que habían despertado podía representar el fin para ellos, el fin del reino de Straumli. Había antecedentes de esos desastres, historias de especies que habían jugado con fuego y se habían quemado.
Ninguno sospechaba la verdad. Ninguno sospechaba el honor que había recaído sobre ellos: el de haber alterado el futuro de mil millones de sistemas estelares.
Las horas se tornaron minutos, los minutos segundos. Y ahora cada segundo era tan largo como todo el tiempo transcurrido antes. La floración estaba muy cerca. Recobraría el dominio de cinco mil millones de años atrás, y esta vez lo conservaría. Sólo faltaba una cosa, y no guardaba la menor relación con los planes de los humanos. En el archivo, enterrado en las fórmulas, tenía que haber algo más. En miles de millones de años, algo podía perderse. El neonato sintió sus poderes de antaño, su potencial, pero faltaba algo, algo que había aprendido en su caída, o algo que habían dejado sus enemigos (si los había).
Largos segundos sondeando archivos. Había lagunas, controles dañados. Parte del daño se debía al transcurso del tiempo.
Afuera, el carguero y la fragata abandonaban la pista de aterrizaje, elevándose con su silencioso mecanismo agrávido sobre las grises planicies, sobre ruinas de cinco mil millones de años. Casi la mitad de los humanos iban a bordo de esas naves. Un intento de fuga, cuidadosamente ocultado. Hasta ahora les había dejado hacer; todavía no era momento para la floración y los humanos aún le serían útiles.
