
Alivio. La derrota había estado cerca, pero ahora…
Pasaron minutos y horas, el vasto período necesario para la construcción física: sistemas de comunicaciones, transporte. El nuevo Poder cambió de humor, se aplacó. Un humano habría definido ese sentimiento como «exaltación» o «ansiedad», pero «hambre» sería más apropiado. ¿Qué más se necesita cuando no hay enemigos?
El neonato escrutó las estrellas, planificando. Esta vez será diferente.
PRIMERA PARTE
1
No había sueños en el sueñofrío. Tres días antes estaban preparándose para partir y ahora ya estaban aquí. El pequeño Jefri lamentaba haberse perdido toda la acción, pero Johanna Olsndot se alegraba de haber estado durmiendo después de haber conocido a algunos adultos de la otra nave.
Ahora Johanna se deslizaba entre las hileras de durmientes. El calor que desprendían los refrigeradores volvía tórrida la oscuridad. Un moho gris crecía por las paredes. Las cajas de sueñofrío estaban muy juntas, con angostos espacios cada diez hileras. Había lugares adonde sólo Jefri podía llegar. Trescientos niños dormían allí, todos los niños excepto Johanna y su hermano Jefri.
Las cajas eran modelos hospitalarios. Con buena ventilación y el debido mantenimiento, habrían durado cien años, pero… Johanna se enjugó el rostro y miró la lectura de una caja: como la mayoría de las que estaban en las filas internas, ésta se hallaba en mal estado. Durante veinte días había mantenido al niño que dormía en su interior, pero quizá le matara si se quedaba un día más. Los conductos de ventilación de la caja estaban limpios, pero Johanna los limpió de nuevo, en un gesto que era una plegaria supersticiosa más que una medida de mantenimiento.
