
Alissa se quedó anonadada.
– ¿Que te lo has gastado?
– La mayor parle, en mamá. Bueno, es verdad que también me compré el coche y unas cuantas cosas, pero pensé que me lo merecía por hacer el sacrificio de casarme con un desconocido. Y no me mires de esa forma… ¡Soy yo quien se ha sacrificado por ella! ¡No tú!
– Alexa…
– No, no, déjame hablar. ¿Qué has estado haciendo tú durante todos estos meses? ¿Lamentarte y comprobar los resguardos del banco? Teníamos que hacer algo, así que no te atrevas a echarme en cara que quisiera casarme con ese hombre para solventar el problema. ¡Necesitábamos dinero! ¡Un montón de dinero!
Cuánto más levantaba la voz Alexa, más pálida se quedaba Alissa, que dijo:
– No te lo estoy echando en cara. Tienes razón. Necesitábamos mucho dinero… has sido muy valiente al aceptar ese trato. Yo no habría podido. No tengo tanto valor como tú.
– Entonces, ¿a qué viene esto? ¿Es por Harry? ¿Crees que no merezco ser feliz? -preguntó.
– Claro que lo mereces,
– Cuando Peter murió, pensé que no volvería a encontrar la felicidad. Deseaba haber muerto con ellos en ese coche, Alissa… -le confesó, con voz quebrada por la emoción-. Pero he conocido a Harry y todo ha cambiado de repente. Lo amo, quiero casarme con él y quiero tener ese niño. He recuperado mi vida y quiero disfrutar de ella.
Emocionada por las palabras de su hermana, Alissa la tomó de la mano y se la apretó con afecto.
– Claro que sí. Claro que sí…
– Sin embargo, Harry no querrá saber nada de mí si descubre que firmé ese contrato -continuó Alexa, al borde de las lágrimas-. No lo entendería nunca. Pensaría que soy una especie de ramera… Es un hombre maravilloso, pero también muy conservador.
