
– Oh, vamos, no seas tan pacata… Primero, mamá se lleva el disgusto de la muerte de nuestro hermano y de mi novio en un accidente de tráfico; después, tiene que enfrentarse al cáncer de papá y dedicarse a cuidarlo: y ahora, cuando él se recupera, no se le ocurre nada mejor que separarse de ella y marcharse a vivir con una peluquera que podría ser su hija.
– No necesito que me lo recuerdes -dijo Alissa, frunciendo el ceño-. Pero, ¿qué es eso de que has conseguido el dinero? No es posible: sólo has estado fuera tres meses.
Alissa quería creer que era posible, pero a pesar de confiar plenamente en las habilidades profesionales de su hermana, dudaba que hubiera conseguido tanto dinero vendiendo coches.
– Digamos que he conseguido un empleo muy bien pagado. Y como ya he dicho, tengo suficiente para pagar las deudas de mamá y lo que se le debe a papá.
Alissa la miró con incredulidad.
– Para eso y para comprarte un deportivo y ropa de diseño, según veo…
La sonrisa de Alexa se evaporó.
– ¿Has visto la etiqueta de mi abrigo?
– No, no he visto la etiqueta, pero cualquiera se daría cuenta de que no es un abrigo normal y corriente -declaró su hermana-. Venga, dime la verdad. ¿En qué clase de trabajo pagan tanto dinero?
– ¿Es que no has oído nada? ¿Qué importa eso? He salvado la situación… tengo dinero para acabar con todos los problemas de mamá y para devolverle su confianza en sí misma.
– Para eso haría falta un milagro -ironizó Alissa.
– Pero los milagros son posibles, hermana. Sólo hace falta trabajar mucho y tener capacidad de sacrificio.
Alissa se quedó más perpleja todavía. Su hermana era una buena trabajadora, pero nunca había demostrado ninguna capacidad de sacrificio.
– No te comprendo…
– Como he dicho antes, es complicado. Para empezar, he tenido que tomar prestada tu identidad, por así decirlo.
