
– Nada, no hay novedad. Una noche, un mosquetero licenciado, borracho perdido, que trabajaba de león en la pantomima de San Androcles en el teatro, salió vestido con la piel de la fiera, y gritó desde la torre, donde le dejaban abrigarse en las noches de lluvia: «¡Que viene el león!». Los reyes, según los senadores que nos gobiernan, corrieron a esconderse en su cámara secreta y tardaron en salir un mes, que con el susto se les había olvidado la palabra que abría la puerta. Un criado del magistrado de linternas me aseguró que se les había olvidado la palabra porque el susto los encontró fornicando.
El extranjero, o lo que fuese, y el mendigo entraron en la taberna. El oscuro vino del país, cuando hubo llenado los vasos, se coronó a sí mismo con cincuenta perlas iguales. El mendigo no podía apartar su mirada de los ojos del hombre del jubón azul. Vació el vaso de un chope, y comentó:
– Sí hace unos veinte años hubiese llegado a la ciudad un hombre como tú, tan rico y tan lacónico, y yo hago correr la voz, la boca metida en el oído del interlocutor, claro, o simplemente apretando una mano en las tinieblas, de que había llegado el león, habría que cortar el miedo con un cuchillo para poder entrar en cualquiera de nuestras posadas.
El hombre del jubón azul bebió a su vez, a sorbos, paladeando más que el vino de aquella hora el recuerdo de un vino de otros días. Se limpió los labios con un pañuelo que llevaba en el bolsillo de la manga derecha del jubón, y sonriendo le dijo al mendigo:
– No, no te pregunto si el león tenía el nombre de un hombre.
Primera Parte
I
El oficial de forasteros se puso el sombrero de copa, adornado con las dos hebillas de plata, y requirió el paraguas, pero al llegar ante la puerta de su despacho vaciló, y finalmente volvió el paraguas al paragüero y colgó el sombrero en la percha, una amplia cuerna de ciervo sobre el cofre de los legajos. Se sentó ante su mesa, en el sillón giratorio, y de un bolsillo del chaleco sacó el reloj. Abrió la tapa posterior, y extrajo un papelillo doblado, que posó encima del vade verde.
