
– ¿Qué tipo de trabajo? -preguntó finalmente centrándose en las palabras de Walt.
– Un guión basado en un libro de Jane Barney, fue un best seller el año pasado. Ya sabes cuál: Mantra. Se mantuvo nueve millones de semanas en el número uno. Douglas Wayne acaba de comprar los derechos y necesitan un guionista.
– ¿Ah sí? ¿Y por qué yo? ¿No lo escribirá la autora?
– Parece ser que no. Nunca ha escrito ninguno y no quiere hacer un mal trabajo. Por contrato, tiene que dar la aprobación final, pero ha dicho que no quiere escribir el guión. Tiene muchos compromisos con la editorial. Va a publicar un nuevo libro en otoño y tiene una gira de promoción en septiembre. Así que no tiene ni tiempo ni interés en escribir el guión. A Douglas le gusta tu trabajo. Al parecer, es adicto a una de tus telenovelas. Dice que quiere hablar contigo sobre ello, que le has arruinado muchas tardes de trabajo reteniéndole en el sofá frente a la pequeña pantalla. Según él, tú eres quien hace la telenovela, aunque no sé qué querrá decir con eso. No le he explicado que la escribes entre idas y venidas al colegio o mientras los chicos duermen.
– ¿Es para la televisión? -preguntó dándolo por hecho.
Sin embargo, le parecía extraño que Douglas Wayne se dedicara a las producciones televisivas. Era un hombre de cine y no se lo imaginaba en televisión ni siquiera para el estreno de una película. A pesar de que era un productor muy conocido, el mercado de los telefilmes era prácticamente inexistente.
