
– Yo también soy fan de él -dijo Tanya con sinceridad.
Había visto todas sus películas. ¿De verdad le estaba pasando aquello?, se preguntó. ¿A Douglas Wayne le gustaba su trabajo y quería que escribiera un guión para una de sus películas? ¡Diantre, era demasiado bueno para ser verdad!
– Bueno, ahora que ya ha quedado claro que os adoráis mutuamente, permíteme que te hable de la película. El presupuesto es de entre ochenta y cien millones de dólares y en el reparto hay tres grandes estrellas. El director es alguien que ha ganado un Oscar y no se rodarán escenas en ningún lugar rocambolesco. Toda la película se filmará en Los Ángeles. Evidentemente, tu nombre saldrá en los créditos como guionista. Van a empezar la preproducción en septiembre. Empezarán a rodar el 5 de noviembre y calculan que el rodaje durará alrededor de cinco meses, a menos que se produzca algún contratiempo serio. Después, de seis a ocho semanas de posproducción. Con suerte, un buen guión (algo de lo que te creo perfectamente capaz) y trabajando para Douglas Wayne, acabarás con un premio de la Academia.
Tal como se lo estaba planteando, era el sueño de Tanya hecho realidad, de ella y de cualquiera que escribiese para Hollywood. No podía haber nada mejor y ambos lo sabían. Era lo que Tanya llevaba soñando toda su vida y todavía no había logrado.
– ¿Y yo me limito a sentarme aquí, a escribir mi guión y a mandárselo? ¿Tan fácil como eso?
Tanya tenía dibujada en la cara una sonrisa de oreja a oreja. Así era como trabajaba con los guiones para las telenovelas; después, ellos editaban el material con bastante libertad, aunque siempre utilizaban gran parte de lo escrito por Tanya. Era una guionista de la que aprovechaban mucho, y siempre querían más. Los índices de audiencia les daban la razón, ya que subían como la espuma con sus historias. Era un valor seguro.
