
No podía estar hablando en serio. No había ganado tanto dinero en toda su carrera como escritora. Era más de lo que ganaba Peter en dos años, y era socio de un bufete muy importante.
– No es una broma -dijo Walt sonriendo.
Se alegraba por ella. Era una escritora fantástica y estaba convencido de que podía hacer un buen trabajo aunque fuese algo nuevo para ella. Tenía talento y era una profesional. El quid de la cuestión era si iba a querer trasladarse a Los Ángeles durante nueve meses. Pero en su opinión, ninguna mujer podía estar tan entregada a su marido y a sus hijos como para rechazar una oferta como aquella. Era una oportunidad que se presentaba una vez en la vida, y Tanya también era consciente de ello. Nunca, ni en sus sueños más disparatados, había creído que podría sucederle algo así, y no tenía ni idea de qué hacer. Había dejado a un lado su sueño de escribir un guión cinematográfico y se había conformado con telenovelas, artículos, cuentos y encargos periodísticos. Y ahora ahí estaba, le ofrecían el sueño de su vida en bandeja de plata. Casi se puso a llorar.
– Llevas quince años diciéndome que esto es lo que quieres. Tienes la oportunidad de mostrar tu trabajo. Sé que puedes hacerlo. Decídete, cariño, no volverás a tener una oferta como esta. Wayne ha estado pensando en otros tres guionistas; uno de ellos ha ganado dos Oscar. Pero quiere a alguien nuevo. Y quiere una respuesta esta semana, Tanya. Si tú no lo coges, contratará a alguno de los otros dos candidatos rápidamente. No creo que puedas permitirte rechazarlo si lo que llevas haciendo todos estos años iba en serio. Te harás un nombre en la profesión para siempre. Un trabajo así transforma una afición en una gran carrera.
– Yo no escribo por afición -dijo, ofendida.
– Ya lo sé. Pero nunca podría haber soñado una mejor propuesta para ti o para nadie. Tanya, es esto. Esto es el éxito. Cógelo y echa a correr como una fiera.
