¿Y qué pasaba con Peter? ¿Quién iba a cuidar de él? Todos estaban acostumbrados a que ella estuviera siempre disponible y no haciendo su vida en Los Ángeles. No iba con ella. Ni siquiera podía imaginar hacerle algo así a Peter aunque las niñas se hubieran marchado de casa. Ese no era el trato. El trato era que ella era una madre y esposa a tiempo completo y que se dedicaba a su trabajo discretamente y cuando tenía ocasión, de tal modo que no interfiriera con el resto de miembros de la familia, ni con el papel que desempeñaba cuidando de todos ellos.

Hubo una larga pausa al otro lado del teléfono.

– No, no puedo garantizártelo -reconoció en tono alicaído-. Pero probablemente podrás ir a casa casi todas las semanas.

– ¿Y si no puedo? ¿Vendrás tú a cuidar de los chicos?

– Tanya, con todo ese dinero puedes contratar a una canguro. A diez si hace falta. No pagan esa cantidad astronómica para que te quedes sentada en Marín y les mandes los guiones por correo. Te quieren al pie del cañón mientras ruedan la película. Es lógico, ¿no crees?

– Lo entiendo. Pero no sé cómo encajarlo con mi vida real.

– Esta es también tu vida real. Es dinero de verdad, trabajo de verdad. Y una de las películas más importantes que se ha rodado en Hollywood en los últimos diez años, y quizá en los próximos diez. Trabajarías con los nombres más importantes del mundo del espectáculo. Si querías una película, esta es la película. No tendrás otra oportunidad así nunca más.

– Lo sé, lo sé -dijo Tanya totalmente abatida.

Era una elección que nunca había creído que tendría que hacer. Además era impensable según los valores por los que se regía su vida. La familia primero, y la escritura después, a una enorme distancia, sin importar lo mucho que disfrutase escribiendo o la cantidad de dinero que pudiera ganar. Su prioridad siempre había sido Peter y los niños. Y su trabajo se había organizado siempre alrededor de ellos.



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