– ¿Por qué no te lo piensas y lo consultas con Peter? Podemos volver a hablar mañana -dijo Walt con calma.

No podía imaginar que un hombre razonable permitiera que su esposa rechazase semejante cantidad de dinero, y confiaba en que la convenciera de aprovechar la oportunidad. ¿Cómo no iba a hacerlo? En el mundo en el que se movía Walt, nadie rechazaba una oportunidad o una suma económica como aquella. Al fin y al cabo, él era un agente, no un psiquiatra. Pero Tanya ni siquiera estaba segura de contárselo a Peter. Sentía que era ella quien debía tomar la decisión y rechazar la oferta. Aunque no cabía duda de que era halagadora e increíblemente tentadora. Y era emocionante pensar en ello.

– Te llamaré mañana -dijo con tristeza.

– No estés tan deprimida. Esto es lo mejor que te ha pasado en la vida, Tanya.

– Lo sé… Lo siento… Ansiaba tanto que ocurriera algo así, y es una decisión tan dura… Hasta ahora mi trabajo nunca había interferido en mi familia.

Y no quería que aquella fuese la primera vez. Era el último año de Megan y Molly en casa y no quería perdérselo. Jamás podría perdonárselo. Y ellas probablemente tampoco; ni Peter. No era justo exigirle que se hiciera cargo de las niñas él solo con la cantidad de trabajo que ya tenía en la oficina.

– Creo que podrías arreglarlo si te organizas. Y piensa en lo bien que te lo pasarías trabajando en esta película -la animó Walt, sin éxito.

– Sí -respondió ella en tono melancólico-, sería divertido.

Y sería hermoso escribir algo así. Por un lado, se moría de ganas de hacerlo. Por otro, sabía que tenía que decir que no.

– Piénsatelo con calma, y no tomes una decisión a la ligera. Háblalo con Peter.

– Lo haré -dijo bajándose de un salto del taburete y pensando en el montón de recados que tenía que hacer-. Te llamaré mañana por la mañana.

– Les diré que no te he localizado, que estás fuera de la ciudad hasta mañana. Y Tanya -dijo Walt con dulzura-, no seas severa contigo misma. Eres una escritora extraordinaria y la mejor esposa y madre que conozco. Las dos cosas no son excluyentes. Hay otras personas que lo hacen. Además, tus hijos ya no son unos niños.



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