Solo de pensarlo, ya se sentía sola. No importaba cuánto dinero le ofreciesen ni lo importante que fuese la película. Su marido y sus hijos eran más importantes para ella. Al enfilar el camino de entrada a casa supo que había tomado una decisión. Ya no sintió pena, quizá cierta desilusión, pero no tenía ninguna duda. Aquella era la vida que quería. Ni siquiera estaba segura de que fuera a contárselo a Peter. Lo único que tenía que hacer era llamar a Walt por la mañana y decirle que rechazaba la oferta. Era halagador haberla recibido, pero no la aceptaría. Ya tenía todo lo que quería. Lo único que necesitaba era a Peter, a sus hijos y la vida que compartían juntos.

Capítulo 2

A pesar de sus buenas intenciones, finalmente Peter llegó a casa pasadas las once, totalmente derrengado y con ganas únicamente de darse una ducha y meterse en la cama. A Tanya no le importó no tener ocasión de hablar aquella noche, ya que a última hora de la tarde había decidido que no iba a contarle lo de la oferta de Douglas Wayne. Ya había tomado la decisión de rechazarla. Cuando Peter se metió en la cama después de la ducha y la abrazó, ya estaba medio dormida. Sin abrir los ojos y con una sonrisa, susurró unas palabras amables a su marido.

– Qué día tan largo… -murmuró medio dormida, apoyando la espalda contra el cuerpo de Peter mientras él la atraía hacia él.

Olía a jabón y a champú. Adoraba su olor, incluso recién levantado. Tanya se volvió sin soltarse de sus brazos y le besó. Él la sujetó con fuerza.

– ¿Un día duro? -le preguntó dulcemente.

– No, solo muy largo -dijo él contemplando su belleza iluminada por la luz de la luna que se colaba por la ventana-. Siento haber llegado tan tarde. ¿Todo bien en casa?

– Todo bien -respondió Tanya somnolienta, acurrucándose en sus brazos plácidamente.

Aquel era su lugar preferido. Adoraba acabar el día junto a él y despertar junto a él por la mañana; una sensación que había perdurado durante aquellos veinte años.



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