
Capítulo 2
A pesar de sus buenas intenciones, finalmente Peter llegó a casa pasadas las once, totalmente derrengado y con ganas únicamente de darse una ducha y meterse en la cama. A Tanya no le importó no tener ocasión de hablar aquella noche, ya que a última hora de la tarde había decidido que no iba a contarle lo de la oferta de Douglas Wayne. Ya había tomado la decisión de rechazarla. Cuando Peter se metió en la cama después de la ducha y la abrazó, ya estaba medio dormida. Sin abrir los ojos y con una sonrisa, susurró unas palabras amables a su marido.
– Qué día tan largo… -murmuró medio dormida, apoyando la espalda contra el cuerpo de Peter mientras él la atraía hacia él.
Olía a jabón y a champú. Adoraba su olor, incluso recién levantado. Tanya se volvió sin soltarse de sus brazos y le besó. Él la sujetó con fuerza.
– ¿Un día duro? -le preguntó dulcemente.
– No, solo muy largo -dijo él contemplando su belleza iluminada por la luz de la luna que se colaba por la ventana-. Siento haber llegado tan tarde. ¿Todo bien en casa?
– Todo bien -respondió Tanya somnolienta, acurrucándose en sus brazos plácidamente.
Aquel era su lugar preferido. Adoraba acabar el día junto a él y despertar junto a él por la mañana; una sensación que había perdurado durante aquellos veinte años.
