
– No es importante.
– Debe de serlo si ibas a mantenerlo en secreto. ¿Qué pasa? ¿Algo acerca de los chicos?
Generalmente solía tratarse de algo relacionado con los chicos, alguna confesión que le habían hecho a Tanya y que ella acababa siempre por contar a Peter. Él guardaba el secreto y Tanya confiaba siempre en su buen juicio. Era un hombre listo, inteligente y bueno. Y no le fallaba prácticamente nunca.
Respiró hondo y dio lentamente un sorbo de té. Le resultaba más fácil hablarle de sus hijos que contarle algo sobre ella misma.
– Ayer me llamó Walt -dijo. Se quedó callada y esperó un instante antes de continuar mientras Peter la miraba expectante.
– ¿Y? ¿Se supone que tengo que adivinar lo que te dijo? -preguntó pacientemente haciendo que Tanya se echase a reír.
– Sí, quizá deberías adivinarlo.
Tanya se dio cuenta de que estaba nerviosa y de que le resultaba difícil contárselo a su esposo. La idea de vivir en Los Ángeles durante nueve meses era tan descabellada que se sentía culpable solo por el mero hecho de verbalizarla. Aunque no había hecho nada malo, se sentía como si así fuera.
Tenía pensado llamar a Walt para rechazar la propuesta en cuanto Peter hubiera salido hacia la oficina; quería hacerlo cuanto antes para olvidarse de ello. El mero hecho de que la oferta siguiera encima de la mesa le parecía una amenaza. Como si Douglas Wayne tuviera el poder de separarla de su familia y de la vida que llevaba solo con su llamada. Sabía que era una tontería, pero no podía evitarlo. En el fondo, estaba asustada porque una parte de sí misma quería aceptar la propuesta. Tanya quería dominar precisamente ese deseo y sabía que ni Walt ni Peter podían hacerlo por ella. Únicamente ella podía.
– Me hizo una oferta -continuó finalmente-. Muy halagadora, pero que no quiero aceptar.
Peter la miró a los ojos sin acabar de creer lo que oía. Tanya no rechazaba ningún encargo si sabía que podía hacerlo y, después de veinte años juntos, Peter había aprendido que para su mujer escribir era tan vital como respirar. Aunque no hablara de ello, la escritura era una necesidad profunda y fundamental en su vida. Además, lo hacía muy bien. Peter estaba muy orgulloso de ella y respetaba enormemente su trabajo.
