– No. Mi padre está en el cielo.

Aquel si era un modo de parar una conversación.

– Clover, si no te bajas ahora mismo de ahí, dejaré la pelota aquí -le advirtió Stacey, volviendo la cabeza para evitar la perturbadora visión de aquellos hombros musculosos. Mike también había tenido unos hombros así, todo músculo y nada de cerebro, eso era lo que le decía su hermana. Dee había sido siempre la inteligente.

Pero ella no aprendería jamás.

Clover desapareció.

– Algo me dice que esa chica es un demonio.

– No, para nada. Solo es una fanática del fútbol -otras mujeres tenían niñas delicadas que reclamaban zapatillas de puntas y un papel principal en el Royal Ballet. Stacey se debatía entre el orgullo y la mortificación de no poder darle a su primogénita, que era tremendamente habilidosa con el balón, y que avergonzaría a los chicos de primaria, unas botas de fútbol. Pero eso era algo que no podía permitirse una viuda-. Es la capitana del equipo del colegio. ¿Ha provocado muchos daños?

– ¿Daños? -preguntó él.

– En el invernadero.

– No creo que otro cristal roto sea un problema -él sonrió.

– No… supongo que no -respondió ella. Una sonrisa como aquella debería de haber estado prohibida. De pronto, algo nerviosa continuó-: ¡Espero que no…! Quiero decir… -no, claro que no estaba herido. Su piel dorada estaba intacta. Bueno, eso aparte de una pequeña cicatriz blanca en el cuello.

Entonces fue cuando vio el resplandor de un pequeño cristal sobre su pelo y, sin pensar, estiró la mano y se lo quitó.

Capítulo 2

Stacey miró el trozo de cristal brillante que tenía sujeto entre los dedos y sintió que se ruborizaba.

No podía creer que había hecho aquello. Y, ¿qué debía hacer a continuación?



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