
«Es justicia que lo compartan», se dijo, mientras se arrodillaba y alcanzaba media docena de las fresas más grandes para Clover y Rosie.
Luego, eligió una para ella y se la comió, caliente como estaba por el sol, tal y como debían comerse las fresas siempre. El jugo se deslizó por su barbilla y se lo quitó con los dedos que luego se chupó. Era un sabor celestial. No entendía cómo los bichos y los pájaros no se las habían comido todas, pero se alegraba de que no lo hubieran hecho y tomó una más.
De hecho, si el jardín iba a ser destruido para construir en él, podía volver cuando Clover y Rosie estuvieran en el colegio y seleccionar algunos esquejes para poder tener sus propias fresas el próximo año. Pero, de pronto, se detuvo.
¿Qué sentido tenía? No estarían allí el próximo año.
De acuerdo, llevaba diciendo eso ya dos años, pero ya no podía esperar más. Si bien era cierto que no tenía la carga de una hipoteca, no había ninguna posibilidad de que vendiera suficientes plantas salvajes para sobrevivir con eso. Si se limitaba a criar petunias, podría, también, conseguir trabajo en una oficina. Con aquel triste pensamiento retrocedió alejándose de las fresas.
De pronto, notó que algo le obstruía el camino. Se detuvo y frunció el ceño. No había observado antes que hubiera nada en el camino. Confundida, se dio la vuelta.
La obstrucción llevaba un par de botas raídas y unos gruesos calcetines enrollados por encima.
Por encima de las botas aparecieron dos largas y musculosas piernas, con las rodillas llenas de cicatrices, unos muslos llenos de vello, continuando con unos pantalones cortos, desgastados, que se ajustaban al tipo de caderas que debían llevar un aviso diciendo «perjudiciales para la salud».
– ¿En qué puedo ayudarla? -la voz que acompañaba a las piernas sonó dulcemente grave.
Stacey se ruborizó. Que la pillaran entrando en una propiedad privada ya era bastante malo. Pero tener la mano llena de fresas, como una prueba clara de su falta, era realmente vergonzante. Estaba aún pensando en algo que decir, cuando Clover la rescató.
