
– Al menos cuéntame lo que vas a ponerte mañana -dijo Angela mientras la empujaban hacia el recibidor.
– Ropa aburrida. De negocios. Un traje negro con blusa blanca.
Angela se detuvo al oír sus palabras.
– ¿No irás a vestir de manera aburrida para Jackson Baird?
– No. Voy a vestir así por mí.
– Es la oportunidad de tu vida.
– ¿Para que me seduzcan? No creo.
– Molly, hay tipos y tipos de seducción. Cielos, si Jackson Baird quisiera poner sus botas bajo mi cama… -Angela se rió-. Y en serio, Molly -se volvió para mirar a su amiga-, cuando os he visto mirando a la rana…
Molly sonrió al recordar la escena.
– Muy romántico, ¿verdad?
– Lo era -dijo Angela-. Parecías la futura señora de Jackson Baird.
– Oh, sí. En tus sueños.
– Bueno, ¿y por qué no? Es soltero. Y tú eres soltera. El es rico. Es todo lo que se necesita para el matrimonio.
– Angie, ¡vete!
– Solo si me prometes que no te pondrás el traje de negocios.
– Quizá debería ponerme vaqueros.
– ¿Y tú qué sugieres?
– Algo cómodo. Y ceñido -se rió de nuevo y miró el vestido que llevaba puesto-. Algo como esto.
– Claro. Y adornado con plumas de avestruz. Para mostrarle la granja a un hombre y cuidar de un niño de ocho años.
– Y para casarte con un millonario -añadió Angela-. O multimillonario. Piénsatelo bien.
– Buenas noches, Angela -dijo Molly, y la empujó a la calle antes de que pudiera decir otra palabra más.
Jackson no sabía quién esperaba que fuera el acompañante de Molly pero, desde luego, se sorprendió al verla con aquel niño de gafas que tenía a su lado.
«Está preciosa», pensó al verla acercarse. No encontraba otra palabra para describirla. Era alta y atractiva. Las curvas de su cuerpo eran sensuales y la melena de rizos oscuros le llegaba hasta los hombros.
El día anterior llevaba puesto un traje de chaqueta negro. Ese día, iba en vaqueros y con una blusa blanca abrochada hasta el cuello. Tenía un aspecto fresco, y cuando se aproximó a Jackson y le sonrió, este tardó más de cinco segundos en poder contestarle.
