
Secuestrador: Entonces no hablemos de pruebas, ¿eh? Tenemos que confiar el uno en el otro, señor Khoury. Créame, la confianza lo es todo en este negocio.
Así estaban las cosas, le dijo Kenan a Peter. Tenía que confiar en ellos, pero ¿cómo podía hacerlo? Ni siquiera Había quiénes eran.
– Traté de pensar a quién podía llamar. ¿Sabes?, gente que estuviera en el negocio. Alguien que me sostuviera, que me apoyara. Por lo que sé, cualquiera en el que pensara está en el negocio. ¿Cómo puedo descartar a alguien? Alguno fraguó esto.
– ¿Cómo supieron…?
– No sé, no sé nada. Todo lo que sé es que se fue de compras y no ha vuelto. Salió, se llevó el coche y cinco horas después suena el teléfono.
– ¿Cinco horas?
– No sé; algo así. Petey, no sé qué estoy haciendo aquí. No tengo ninguna experiencia en esta mierda.
– Haces tratos cada día, niño.
– Una transacción con drogas es completamente distinta. Estructuran las cosas de manera que todos estén a salvo, que todos estén cubiertos. Este caso…
– Se mata a la gente siempre en los asuntos de droga.
– Sí, pero por lo general hay un motivo. Número uno, tratar con gente que no se conoce. Eso es lo asesino. Parece bueno y resulta ser un estafador. Número dos, o tal vez sea uno y medio, tratar con gente a la que se cree conocer pero que en realidad no se conoce. Y la otra cosa, cualquiera que sea el número que quieras asignarle, la gente se mete en líos porque trata de embaucar. Tratan de hacer el trato sin el dinero, calculando que después lo arreglarán. Se endeudan hasta el moño, generalmente salen airosos, pero a veces no lo consiguen. Sabes de dónde viene eso nueve veces de cada diez. Es gente que se mete en su propia mercancía y su criterio se les va por el inodoro.
– O lo hacen todo bien y luego seis jamaicanos de mierda echan la puerta abajo y los matan a todos a tiros.
– Bueno, eso pasa a veces -confesó Kenan-.
