
– En cambio, aquí…
– En cambio, aquí no tenemos nada. Dije: nosotros llevamos el dinero y ustedes traen a mi esposa. Dijeron que no. Dijeron que así no se hace. ¿Qué les voy a decir, quédense con mi esposa? ¿Véndansela a otro si no les gusta cómo hago yo los negocios? No puedo hacer eso.
– No.
– Excepto que podría hacerlo. Él dijo un millón, yo dije cuatrocientos mil. Les mandé a la mierda, eso es todo, y él aceptó. Supón que yo dijera…
Sonó el teléfono. Kenan habló unos minutos y tomó notas en una agenda.
– No voy a ir solo -dijo en un momento dado-. Tengo a mi hermano aquí, viene conmigo. Ninguna discusión. -Escuchó un poco más y estaba por decir algo cuando el teléfono le hizo un clic en el oído.
– Tenemos que darnos prisa. Quieren el dinero en dos bolsas resistentes. Eso es bastante fácil. Me pregunto, ¿por qué dos? Tal vez no saben el bulto que hacen cuatrocientos mil dólares, cuánto espacio ocupan.
– Tal vez el médico les tiene prohibido que levanten cosas pesadas.
– Quizá. En teoría tenemos que ir al cruce de Ocean Avenue con Farragut Road.
– En Flatbush, ¿no?
– Creo que sí.
– Claro. Farragut Road está a un par de manzanas de la Universidad de Brooklyn. ¿Qué hay allí?
– Una cabina telefónica.
Cuando tuvieron el dinero repartido en dos bolsas de basura, Kenan tendió a Peter una pistola, una automática de 9 mm.
