La voz de FJ era suave.

– ¿Sí?

– Que le follen.

Susurró las palabras con una curiosa sonrisa en su rostro.

No se echó hacia atrás después de decirlo. Myron sintió que algo frío le recorría la espalda, pero no desvió la mirada.

Sonó el teléfono de la mesa. Frank apretó un botón.

– ¿Sí?

– El socio del señor Bolitar en la línea -dijo una voz femenina-. Quiere hablar con usted.

– ¿Conmigo? -preguntó Frank.

– Sí, señor Ache.

Frank parecía confuso. Se encogió de hombros y apretó un botón.

– Sí -respondió.

– Hola, Francis.

El cuarto se quedó tan inmóvil como una fotografía.

Frank se aclaró la garganta.

– Hola, Win.

– Espero no interrumpir -dijo Win.

Silencio.

– ¿Cómo está tu hermano, Francis?

– Está bien, Win.

– Tengo que llamar a Herman. Hace tiempo que no vamos a jugar al golf.

– Sí -dijo Frank-. Le diré que preguntaste por él.

– Bien, Francis, bien. Bueno, debo irme. Por favor, dale mis saludos a Roy y a tu encantador hijo. Qué descortés de mi parte no haber saludado antes.

Silencio.

– Eh, Win.

– Sí, Francis.

– No me gusta toda esta mierda críptica, ¿me oyes?

– Lo oigo todo, Francis.

Clic.

Frank Ache le dirigió una dura mirada a Myron.

– Lárgate.

– ¿Por qué estás tan interesado en Brenda Slaughter?

Frank se levantó de la silla.

– Win asusta -dijo-. Pero no es a prueba de balas. Di una palabra más, y te ataré a la silla y te quemaré la polla.

Myron no se molestó en despedirse.


Myron bajó en el ascensor. Win -abreviatura de Windsor Horne Lockwood III- esperaba en el vestíbulo. Esa mañana vestía al estilo universitario tardío. Chaqueta azul, pantalón caqui claro, camisa Oxford blanca y una chillona corbata Lilly Pulitzer, con más colores que el público en un campo de golf.



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