
Cuando Myron le dijo que haría de guardaespaldas de Brenda Slaughter, Win se detuvo de pronto y comenzó a cantar: «AND I-I-I-I-I-I WILL ALWAYS LOVE YOU-OU-OU-OU-OU-OU-OU».
Myron lo observó. Win se interrumpió, recompuso la expresión y continuó caminando.
– Cuando lo canto -dijo Win-, es casi como si Whitney Houston estuviese en la habitación.
– Sí -dijo Myron-, es lo que me había parecido.
– ¿Cuál es el interés de los Ache en este asunto?
– No lo sé.
– Quizá TruPro sólo quiere representarla.
– Bastante improbable. Puede proporcionar algunas ganancias, pero no es un bocado tan suculento.
Win asintió. Caminaron en dirección este por la calle 50.
– El joven FJ podría representar un problema.
– ¿Lo conoces?
– Un poco. Tiene una historia un tanto intrigante. Su papaíto lo preparó para que se comportase de forma legal. Lo envió a Lawrenceville, después a Princeton, y por último a Harvard. Ahora se está introduciendo en el negocio de representar deportistas.
– Pero…
– Pero le molesta. Todavía es el hijo de Frank Ache y por lo tanto quiere su aprobación. Necesita demostrar que, a pesar de su buena crianza, todavía es un tío duro. Peor aún, genéticamente es el hijo de Frank Ache. ¿Mi opinión? Si indagas un poco en la infancia de FJ, te encontrarás con muchas arañas sin patas y moscas sin alas.
Myron sacudió la cabeza.
– Está claro que eso no es muy bueno.
Win no dijo nada. Llegaron al Lock-Horne e Building en la calle 47.
