– Sé cuánto detestas los cambios…

– No detesto los cambios.

– … pero de una manera u otra, las cosas van a cambiar. Así que decídete de una vez.

Una parte de él quería gritar: ¿Por qué? Las cosas estaban bien tal como estaban. ¿No había sido él quien la había animado para que se licenciara en derecho? Desde luego que esperaba un cambio después de su graduación. Había ido dándole nuevas responsabilidades poco a poco. ¿Pero una sociedad?

Él señaló a su espalda.

– Te estoy construyendo un despacho.

– ¿Y?

– ¿Acaso eso no implica un compromiso? No puedes esperar que me apresure. Voy avanzando pasito a pasito en el tema.

– Das un pasito y después te caes de culo. -Ella se detuvo y negó con la cabeza-. No he sacado el tema desde que estuvimos en Merion.

Durante el U.S. Open de golf en Filadelfia, Myron estaba intentando resolver un caso de secuestro cuando ella le planteó que quería convertirse en socia. Desde entonces él había estado aplazando el tema.

Esperanza se levantó.

– Quiero ser socia. No plena. Lo comprendo. Pero quiero equidad. -Caminó hacia la puerta-. Tienes una semana.

Myron no tenía muy claro qué decir. Era su mejor amiga. La amaba. La necesitaba allí. Era una parte de MB. Una parte muy importante. Pero las cosas no eran tan sencillas.

Esperanza abrió la puerta y se apoyó en el marco.

– ¿Irás a ver ahora a Brenda Slaughter?

Él asintió.

– Dentro de unos minutos.

– Comenzaré la búsqueda. Llámame dentro de unas horas.

Cerró la puerta. Myron fue a sentarse en su silla y cogió el teléfono. Marcó el número de Win.

Win atendió al primer timbrazo.

– Articula.

– ¿Tienes planes para esta noche?

– Moi? Por supuesto.

– ¿Otra típica noche de sexo degradante?

– Sexo degradante -repitió Win-. Te dije que dejases de leer las revistas de Jessica.

– ¿Puedes cancelarlo?



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