Miró a Bess por encima del hombro. En el estéreo sonaba Lyin’ eyes.

– Nosotros no, Michael; tú. Randy no ha superado que abandonaras a tu familia por una mujer.

– ¡Eso es! Echame a mí la culpa de todo, como solías hacer. ¿Qué hay de ti, que descuidaste a tu familia para estudiar en la universidad?

– Todavía me envidias por eso, ¿verdad, Michael? Te cuesta asimilar que me he convertido en una diseñadora de interiores y he triunfado en mi profesión.

Michael dejó la copa de pronto, se puso en pie y la señaló con el índice desde el otro extremo de la mesa auxiliar.

– Obtuviste la custodia de los chicos porque así lo deseabas, pero ¿qué pasó después? Estabas tan ocupada que nunca te quedabas en casa para atenderlos.

– ¿Cómo lo sabes? ¡Nunca te has acercado a ellos!

– ¡Porque no me habrías permitido entrar en esa maldita casa! -exclamó Michael-. ¡Mi casa! ¡La casa que pagué, amueblé, pinté y quise tanto como tú! No me reproches que no los visitara, cuando eras tú la que se negaba a hablar conmigo y con ello diste a nuestro hijo un ejemplo que se apresuró a imitar. Yo estaba dispuesto a llegar a un entendimiento por el bien de los chicos, pero no; tú querías darme una lección. Deseabas hacerte cargo de los niños, lavarles el cerebro y convencerles de que yo era el único responsable del fracaso de nuestro matrimonio. No se te ocurra negarlo, porque hablé con Lisa y me contó algunas de las barbaridades que le dijiste.

– ¿Cómo cuáles?

– Por ejemplo, que nos divorciamos porque yo tenía una aventura con Darla.

– ¿No fue así?

Michael levantó las manos y alzó la vista al techo.

– ¡Dios, Bess, quítate la venda de los ojos! Nuestra relación no funcionaba antes de que yo conociera a Darla, y tú lo sabes.

– Si nuestro matrimonio comenzó a ir mal fue porque…

Se abrió la puerta del apartamento. Bess se interrumpió y lanzó a Michael una mirada fugaz. Ella tenía las mejillas encendidas de cólera; él, los labios apretados en una mueca severa. Bess se levantó y adoptó una actitud cordial mientras su ex esposo se abrochaba el botón de la americana y volvía a tomar la copa de la mesa. Segundos después Lisa entró en el salón seguida del joven que aparecía en la foto que había sobre el piano.



10 из 321