El viento nunca tocó ni a Jackson ni a Jonas; en vez de eso, se movió alrededor de ellos creando un capullo, construyendo un escudo de polvo y basura alzados para formar una barrera entre ellos y el mundo.

Mantente a salvo. Dos pequeñas palabras, envueltas en sedas, satén y suaves colores.

– Tenemos que movernos -dijo Jackson.

Jonas obligó a sus pies a continuar arrastrándose, cada paso retorcía sus entrañas, el dolor rechinaba atravesando su cuerpo hasta que sólo pudo apretar los dientes e intentar exhalarlo fuera. Sus esfuerzos no funcionaban. Hannah. Nena. No creo que vaya a poder volver a casa contigo.

El viento se alzó a la altura de un chillido de protesta, lanzándolo todo por el aire a su paso. Brazos y piernas se enmarañaron cuando los hombres cayeron o se estrellaron contra los costados de los edificios junto con la basura. Jonas podía oír los gritos y gruñidos de dolor cuando sus enemigos, capturados por el antinatural tornado, eran lanzados por la furia del viento.

Jonas se tambaleó, arreglándoselas para sostenerse a sí mismo, pero el dolor y las oleadas de mareo y náusea eran sus enemigos ahora. Su estómago se revolvió y el suelo se inclinó. La negrura perfiló su visión. Se tambaleó de nuevo, y esta vez, estuvo seguro de que caería, sus piernas se volvieron de goma. Pero antes de que pudiera caer, sintió la presión del viento casi elevándole, sosteniéndole, envolviéndole y alzándole en brazos seguros.

Dejó que el viento tomara su peso y le cargara hasta la escalera. Jackson retrocedió para dejar que Jonas subiera primero, todo el rato vigilando el callejón y los edificios circundantes, entrecerrando la mirada contra la fuerza del viento.

Jonas extendió los brazos hacia el último peldaño de la escalera y un dolor candente estalló a través de él, haciéndole caer de rodillas. Al instante el viento acarició su cara, una suave ráfaga, como si una pequeña mano le tocara con dedos gentiles. A su alrededor rabiaba virtualmente un tornado, pero algunas hebras se separaban de la arremolinante masa y parecían alzarle en fuertes brazos.



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