
Jackson señaló hacia el edificio y Jonas maldijo por lo bajo. Dio un paso tentativo de vuelta hacia las sombras, con el estómago pesado, cada cosa que había comido o bebido en las últimas horas empujando hacia arriba. El terrible retortijón le produjo otra oleada de mareo y martillos perforadores zapatearon una macabra danza, abriendo su cráneo. El sudor goteó, la sangre corrió y la realidad se retrajo solo un poco más.
Jackson le pasó un brazo bajo los hombros.
– ¿Necesitas que te lleve?
Necesitarían el arma de Jackson si iban a hacerlo. Jonas tenía que encontrar una forma de ahondar profundamente en su interior y permanecer en pie, cruzar la distancia y escalar hacia la libertad con dos balas en su interior, y una herida todavía fresca de un disparo anterior. Sacudió la cabeza y dio otro paso, apoyándose pesadamente en Jackson.
Hannah, nena. Ahora o nunca. Envió la silenciosa plegaria a la noche, porque si alguna vez había habido un momento en que él realmente necesitara las inusuales habilidades de ella, era ahora.
El viento respondió, alzándose rápida y furiosamente. Sopló callejón abajo con la fuerza de un huracán, aullando y arrancando trozos de madera de los edificios. La basura se arremolinó, alzándose en el aire y volaba en todas direcciones. Cajas de cartón y otras basuras fueron lanzadas por el aire, golpeando cualquier cosa a su paso mientras el viento se abría paso hacia la parte de atrás del callejón, donde giró y empezó a correr en un horrendo círculo más y más apretado, más y más rápido, cogiendo más velocidad y ferocidad.
