
Jackson comprobó su suministro de municiones.
– ¿Puedes enfocar lo bastante como para disparar, Jonas?
Ese era Jackson, directo al grano. Deseaba endemoniadamente salir de allí e iba a hacer que ocurriera. Los hombres que les perseguían no tenían forma de saber que tenían al tigre por la cola. Cuando Jackson utilizaba ese tono de voz en particular, pura y simplemente morían hombres.
Tenían que conseguir pasar la entrada del callejón y ésta estaba bloqueada por los gánsters rusos. Había sido una misión de reconocimiento. Nada más. No estaban suponiendo que fueron vistos -¡maldita sea!- no habían sido vistos, pero todo se había ido al infierno rápidamente, convirtiéndose en un baño de sangre.
Habían ido a filmar lo que se suponía serían unos cuantos soldados de Tarasov de bajo nivel reuniéndose con un par de soldados de Nikitin en los muelles de San Francisco. Un agente encubierto había informado a Gray y él quería saber por qué las dos familias rivales se reunían. La primera punzada de alarma había llegado cuando Jonas reconoció a los hermanos Gadiyan entre los participantes. No había nada de bajo nivel en ellos. Cuñados de Boris y Petr Tarasov, estaban definitivamente en el escalafón superior de la asesina familia criminal, tenían reputación de ser tan sangrientos y violentos que incluso los hombres de la familia Tarasov les evitaban. Y cuando Boris salió de entre las sombras con su hermano, Petr, y su primo Karl, pegado detrás para reforzar la seguridad, Jonas supo que algo gordo se estaba tramando. Karl tenía reputación de ser mucho, mucho peor que los hermanos Gardiyan.
Jonas y Jackson se habían mirado el uno al otro con los estómagos encogidos y los corazones palpitando porque estaban justo en medio de un nido de avispas y no tenían forma de salir de él.
