
– ¡Lo encontré! ¿Me lo puedo poner esta noche? -Lo que sostenía en alto para que Melanie lo viera era un vestido muy ceñido con un estampado de leopardo. Melanie asintió y Ashley soltó otra risita cuando encontró los zapatos de plataforma a juego, con unos tacones de veinte centímetros de alto. Se marchó a toda prisa para probarse el conjunto y Melanie le sonrió de nuevo, tímidamente, a Sarah.
– Ashley y yo fuimos juntas a la escuela desde los cinco años -explicó Melanie-. Es mi mejor amiga. Va conmigo a todas partes. -Era evidente que se había convertido en parte del séquito, y Sarah no pudo evitar pensar que era una extraña manera de vivir. Su vida daba la sensación de ser como un circo, en habitaciones de hotel y entre bastidores. En cuestión de minutos, le habían dado a la elegante suite del Ritz el aspecto de una residencia universitaria. Además, una vez que Jake se había ido al gimnasio, solo había mujeres en la estancia. La peluquera preparaba una melena que encajara con el pelo rubio de Melanie. Era la perfección misma.
– Gracias por hacer esto -dijo Sarah sonriendo y mirando a Melanie a los ojos-. Te vi en la entrega de los Grammy y estuviste genial. ¿Cantarás «Don't Leave Me» esta noche?
– Sí -respondió su madre por ella tendiéndole a su hija una botella del agua Calistoga que habían pedido, mientras permanecía entre Melanie y Sarah hablando por su hija como si la superestrella no existiera.
Sin decir nada, Melanie se sentó en el sofá, cogió el mando a distancia, bebió un largo trago de agua y sintonizó la MTV.
– Nos encanta esa canción -dijo Janet con una sonrisa.
– A mí también -respondió Sarah, un poco desconcertada por la contundencia de Janet. Por lo que se veía, dirigía la vida de su hija y parecía pensar que era una parte tan importante del estrellato como la propia Melanie. La joven no parecía poner objeciones; era evidente que estaba acostumbrada. Unos minutos después, su amiga volvió a entrar, tambaleándose sobre los altos tacones y vestida con el traje de leopardo prestado. Le iba un poco grande. Enseguida se sentó en el sofá, al lado de su amiga de la infancia, para ver la tele juntas.
