
Cuando acabó, después de comprobar algunas notas en su carpeta se cepilló el pelo, que tenía un aspecto desastroso. Ya era hora de volver al salón de baile a reunirse con Melanie y su equipo para el ensayo. Le habían dicho que Melanie no quería que hubiera nadie en la sala cuando ensayaba. Pensándolo ahora, Sarah no pudo menos que preguntarse si serían órdenes de la madre y no de la estrella. No daba la impresión de que a Melanie le importara quién anduviera por allí. Parecía indiferente a lo que pasaba a su alrededor, quién entraba y salía o lo que hacían. Tal vez fuera diferente cuando actuaba, se dijo Sarah. Pero Melanie mostraba la indiferencia y la actitud pasiva de una niña obediente… y tenía una voz absolutamente increíble. Como todos los que habían comprado entradas, Sarah tenía muchísimas ganas de oírla cantar aquella noche.
Los músicos ya se encontraban en el salón de baile cuando Sarah entró. Estaban de pie, charlando y riendo, mientras los encargados del equipo acababan de desempaquetarlo y montarlo. Casi habían terminado y formaban un grupo muy variopinto. Había ocho músicos en el grupo de Melanie y Sarah tuvo que recordarse que la bonita joven a la que había dejado viendo la MTV arriba, en la suite, era actualmente una de las cantantes más importantes del mundo. No había nada pretencioso ni arrogante en ella.
